PALABRAS DE ACCIÓN DE GRACIAS

Peregrinación Extraordinaria a Roma con motivo del XL Aniversario Fundacional de la

Hermandad del Rocío de la Macarena

Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat. Roma, 20 de octubre de 2026.

Excelentísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo de Sevilla, monseñor don José

Ángel Saiz Meneses.

Muy reverendo señor don José Jaime Brosel Gavilá, rector de esta Iglesia

Nacional Española de Santiago y Montserrat.

Reverendo señor don José Manuel Martínez Guisasola, director espiritual de

nuestra Hermandad.

Queridos miembros de la Junta de Gobierno, hermanos mayores eméritos,

hermanos y hermanas en la fe:

Cuarenta años de historia. Cuarenta años de devoción. Cuarenta

motivos para dar gracias a Dios.

Hoy, en el corazón de la cristiandad, Nuestra Hermandad escribe una de las

páginas más hermosas, emocionantes y trascendentales de su historia.

Quiero comenzar expresando mi más profundo agradecimiento a nuestro

querido Arzobispo de Sevilla, que ha querido sumarse a nuestro entusiasmo

devocional y acompañarnos en esta peregrinación extraordinaria. Gracias,

señor Arzobispo, por compartir con nosotros estos cuarenta motivos que hoy

nos reúnen, por su cercanía pastoral y por hacer aún más grande, con su

presencia, esta celebración de nuestra fe y de nuestra historia.

Mi gratitud más especial a don José Jaime Brosel Gavilá, rector de esta iglesia,

por abrirnos las puertas de este templo y, sobre todo, por acoger nuestro

mayor tesoro: nuestro Bendito Simpecado, el más colosal jamás realizado en el

orbe rociero, concebido para mayor gloria de la Santísima Virgen del Rocío.

Hoy, bajo estas bóvedas, Sevilla y Roma se abrazan, y el alma de nuestro

Barrio de la Macarena late junto al corazón de la Iglesia universal.

1Gracias también a nuestro director espiritual, don José Manuel Martínez

Guisasola, por acompañarnos en este camino de fe y por ayudarnos a recordar

que, por encima de cualquier logro humano, el verdadero sentido de nuestra

Hermandad es acercarnos cada día más a Dios de la mano de su Santísima

Madre.

Y gracias, de corazón, a todos vosotros.

Sé lo que supone dejar por unos días nuestras obligaciones, nuestras familias,

nuestros trabajos y nuestras rutinas. Sé del esfuerzo personal y familiar que

hay detrás de esta peregrinación. Por eso, como hermano mayor, quiero

agradeceros que hayáis querido estar aquí, acompañando físicamente a

Nuestro Bendito Simpecado hasta Roma, haciendo realidad un sueño que

engrandece nuestra historia y que quedará para siempre grabado en la

memoria de nuestra corporación.

Pero hoy, cuando la emoción nos desborda, no podemos olvidarnos de quienes

nos precedieron.

De aquellos hermanos que ya gozan de la presencia de Dios y que soñaron con

una Hermandad grande. De quienes pusieron los primeros cimientos, de

quienes entregaron su tiempo, su esfuerzo y su amor a la Virgen para que hoy

nosotros podamos recoger los frutos de tanta entrega.

Estoy convencido de que hoy también hay fiesta en el cielo. Que nuestros

hermanos difuntos contemplan con alegría hasta dónde ha llegado aquella

Hermandad que tanto quisieron. Que, de alguna manera, también peregrinan

con nosotros y que, desde la eternidad, siguen caminando junto a Nuestro

Simpecado.

Y quiero abrazar, con el pensamiento y con el corazón, a tantos hermanos que

no han podido acompañarnos por razones de salud, de trabajo, familiares o por

cualquier otra circunstancia. A todos ellos quiero decirles que no hay distancia

capaz de separar a quienes están unidos por una misma fe y por un mismo

amor a la Virgen. Hoy también están aquí. Porque Nuestra Hermandad no

termina donde acaba nuestra presencia física, sino donde alcanza nuestro

corazón.

Y ahora, ante Nuestro Bendito Simpecado, quiero elevar una súplica a la

Virgen del Rocío, Reina de nuestras almas.

Madre nuestra, haz que esta peregrinación no sea solamente un hito histórico

para nuestra institución. Haz que sea, sobre todo, una verdadera revolución en

2nuestros corazones.

Que no regresemos a Sevilla siendo los mismos que llegamos a Roma.

Que el Espíritu Santo, como en aquel primer Pentecostés, descienda sobre

nosotros, nos embriague con Su divino Rocío y haga florecer en nuestras almas

los frutos de la fe, de la esperanza, de la caridad, de la humildad y del amor

fraterno.

Que estos cuarenta años no sean solamente la celebración de cuanto hemos

vivido, sino el comienzo de todo cuanto aún nos queda por construir juntos.

Que seamos una Hermandad más unida, más generosa, más comprometida con

los necesitados, más cercana a nuestra parroquia, más presente en nuestro

Barrio y, por encima de todo, más fiel a Jesucristo, Pastor de nuestro caminar,

y a su Santísima Madre, que es la Virgen del Rocío.

Porque de nada serviría haber llegado hasta el corazón de la cristiandad si no

somos capaces de regresar con un corazón más cristiano.

Queridos hermanos:

Hoy mi Junta de Gobierno y yo nos sentimos profundamente agradecidos a

Dios por habernos permitido vivir este momento junto a vosotros. Por habernos

regalado la fe, por habernos puesto bajo el amparo de la Blanca Paloma y por

habernos concedido el inmenso honor de servir a esta Hermandad que tanto

queremos.

Ser sevillano es un orgullo. Ser rociero es una suerte en la vida. Pero

ser rociero de la Macarena es una de las cosas más grandes que me han

pasado en la vida.

Gracias, Dios mío, por tanto como nos das.

Gracias, Madre Nuestra del Rocío, por tanto como te debo.

¡Viva la Virgen del Rocío!

Mario Niebla del Toro Carrión

Hermano Mayor de la Real e Imperial, Ilustre y Fervorosa Hermandad de

Nuestra Señora del Rocío de la Macarena