Marina Bernal: "La principal virtud y el peor defecto de Jesús Quintero fue el perfeccionismo"

La periodista y escritora sevillana publica "Quinterianos", donde recoge más de 60 entrevistas que dibujan personal y profesionalmente al Loco de la Colina

Marina Bernal (Sevilla, 1968) ha rendido su especial tributo al periodista onubense Jesús Quintero con su libro Quinterianos, de más de 400 páginas, editado por Miguel Gallardo, en el que entrevista a más de 60 personas, entre colaboradores, periodistas, amigos, vecinos de su infancia y familiares. El título del libro era el nombre del último proyecto televisivo que El Loco de la Colina –o El perro verde– preparó pero que no pudo ver la luz al fallecer en 2022. El actor Antonio Banderas y Alejandro Sanz, amigos del comunicador, también participan en el libro, que dibuja un perfil profesional y humano a través de quienes mejor le conocieron y compartieron más tiempo con él.

Pregunta.-¿Por qué ahora un libro sobre el periodista Jesús Quintero?

Respuesta.–Con motivo de la inauguración del aula de comunicación Jesús Quintero en el IESMarisma de Huelva comprobé que sigue despertando interés en la gente joven.

P.–De él se ha dicho que era perfeccionista, ingenioso y creativo, pero también cabezota, déspota y muy inestable. ¿Su vida tuvo más luces que sombras o al revés?

R.–Su vida fue luz para muchas personas. Sus reflexiones y pensamientos siguen alumbrando la vida a otros, sus preguntas iluminan. Vivió un infierno interior muchas veces pero en los últimos años encontró la paz interior. En lo personal fue decisiva su mujer, María Indiano, con la que encontró el hogar.

P.–Dígame su principal virtud y su peor defecto.

R.–Su incansable perfeccionismo fue su gran virtud para lograr la excelencia y, al mismo tiempo, fue su mayor defecto por estar siempre descontento y no disfrutar muchas veces de lo conseguido.

P.–Muchos colaboradores le elevan a leyenda del periodismo. ¿Cuál fue su principal aportación a la profesión?

R.–La exhaustiva documentación sobre las personas a las que entrevistaba, la capacidad de preguntar sin avasallar y haciendo que el entrevistado se olvidara de las cámaras y se entregara a una conversación más que a una entrevista. No juzgar jamás, solo preguntar y escuchar. Dar tanta importancia al contenido como a la forma de presentarlo.

P.–¿Para Quintero el periodismo fue una especie de sacerdocio?

R.–Totalmente, cada conversación que mantenía, cada música que escuchaba, cada historia que le llegaba le servía y la integraba de alguna forma en su trabajo.

P.–¿Quintero confesaba o entrevistaba?

R.–Los invitaba a ir, gentilmente, sin agresividad, hacia lo que eran realmente. Los hacía despojarse de máscaras y mostrarse como eran sin miedos. Buscaba siempre la autenticidad de cada persona y hacer que se sintiera bien.

P.–¿Es verdad que intentó entrevistar a Osama bin Laden, como cuenta su amigo Campito?

R.–Es cierto, lo intentó sin éxito pero siempre lo intentaba. Viajó a Granada junto a su mujer para encontrarse con el único periodista que lo había entrevistado, Taysir Alouny. Sus grandes entrevistas pendientes fueron a Fidel Castro y al Papa. Para el Papa tenía un cuestionario preparado con una primera pregunta: ¿Usted cree en Dios?

P.–¿El Loco de la Colina y Jesús se fundieron o el jugó a esa confusión?

R.–El Loco fue su alter ego al principio, el personaje que le hubiera gustado ser. Lo creó también para proteger su vulnerabilidad y sensibilidad extrema. Poco a poco fueron fundiéndose, y Jesús y el Loco llegaron a ser la misma persona, lo jondo y lo hondo. Huía de la superficialidad, de las falsas apariencias y de quien no tenía nada que decir.

P.–Sus proyectos empresariales, como Montpensier o el teatro Quintero, le acabaron arruinando a pesar de su éxito profesional. ¿Le faltó un buen contable?

R.–Le faltó sentido económico y empresarial toda la vida. Llegó a arruinarse tres veces, siempre puso por delante la calidad a la rentabilidad. Nunca fue esclavo del dinero, solo era un medio para conseguir la belleza, la excelencia y lo mejor.

P.–Hace veinte años Quintero se rebelaba contra la guerra de las audiencias y se negaba a bajar el tono listón de la calidad. ¿Habría sobrevivido hoy a los like y los influencers o le habrían sumido en otra depresión?

R.–Se habría reciclado, la prueba es que sus vídeos son virales en distintas plataformas hoy en día. Habría encontrado su propio espacio sin renunciar a su forma de entender la comunicación.

P.–Detrás del Loco había un buen equipo de guionistas. ¿Hubiera prescindido Quintero de parte de ellos con la IA?

R.–Jesús nunca hubiera sustituido el alma por la IA, la hubiera utilizado como herramienta, para documentarse aún más , pero la creatividad humana es el elemento diferenciador.

P.–Nació en San Juan del Puerto (Huelva) y vivió en Sevilla y Madrid. ¿Por qué muere Quintero en Ubrique y cuál fue su relación con José Luis López El Turronero?

R.–Tuvo que ser trasladado a un sitio donde pudiera ser atendido 24 horas por su estado de salud. El último año fue muy difícil. Allí tuvo en todo momento la compañía de su mujer, y sus hijas lo visitaron. Los médicos que lo atendían aconsejaron mucha tranquilidad y que se limitaran las visitas. José Luis López era un amigo y le dio su apoyo y su ayuda en esos momentos complicados.