Antonio Rendón . Con motivo del Día de los Enamorados, la Casa de Extremadura en Sevilla celebró uno de los actos más significativos de su calendario anual en el enclave más elevado de la ciudad, la emblemática Torre Pelli, símbolo de la Sevilla contemporánea y privilegiado mirador sobre su devenir histórico.

El almuerzo institucional congregó a cerca de dos centenares de socios y representantes del tejido asociativo y cultural sevillano, en una jornada marcada por la fraternidad, el reconocimiento y la reafirmación de los lazos que unen a Extremadura y Sevilla a través de su ciudadanía.

Entre los asistentes se encontraban D. Andrés Vázquez, Hermano Mayor de la Hermandad de la Virgen de Guadalupe; D. Juan García (hijo) y su esposa, Doña Reyes Marín; Doña Maruja López, esposa del homenajeado; D. Antonio Doménech, presidente de las Casas Regionales y presidente de la Casa de Melilla en Sevilla, acompañado de su esposa; y D. Carlos Valera, presidente del Ateneo de Triana, junto a Doña Esperanza Bastida, entre otras personalidades.

El motivo central de la convocatoria fue la entrega del Premio Giralda-Encina, máxima distinción que concede la entidad. Este galardón, que conjuga en su denominación dos poderosos símbolos ,la Giralda, referente universal del patrimonio sevillano, y la encina, árbol emblemático de la identidad extremeña, reconoce la trayectoria, el compromiso y la dedicación ejemplar al servicio de la institución y de la comunidad.

En la presente edición, el premio fue otorgado a D. Juan García Martínez, actual presidente de la Casa de Extremadura en Sevilla, en reconocimiento a su liderazgo, a su incansable labor en favor de la promoción cultural y al fortalecimiento de los vínculos entre ambas tierras. La entrega fue realizada por el vicepresidente de la entidad, D. José Manuel Rosco, en un momento especialmente emotivo que simbolizó el respaldo unánime de la Junta Directiva y de la masa social a la gestión desarrollada.

El acto transcurrió en un clima de elevada cordialidad institucional. Desde los ventanales de la última planta, los asistentes contemplaron una panorámica excepcional de Sevilla: el curso del Guadalquivir articulando la ciudad, sus puentes, torres y espadañas perfiladas contra el cielo, y esa luz característica que define su paisaje urbano y sentimental.

La celebración constituyó, así, no solo un reconocimiento personal, sino también una afirmación colectiva del compromiso de la Casa de Extremadura en Sevilla con la cultura, la tradición y la convivencia, proyectando hacia el futuro una institución que, desde sus raíces, continúa fortaleciendo el diálogo entre territorios y generaciones.